Healing Journey

Actualizado: jul 27

“I won't let my pain turn my heart into something ugly. I will show you that surviving can be beautiful”.

- Christy Ann Martine



La vida es bella aunque nos rompa el corazón varias veces. La vida es impredecible, incontrolable y difícil pero así también es sorprendente, apasionante y es en estos contrastes donde podemos descubrir el sabor de la felicidad. Sin embargo, es durante estos días negros donde mucho de quiénes somos como personas se forja y las semillas de nuestra verdadera esencia germinan.

Los días negros son duros. A mí la vida me ha golpeado varias veces con ellos. Y levantarme cada vez me ha tomado más tiempo y esfuerzo. No obstante, lo único que importa es que cuando te pares lo hagas sobre dos pies firmes y llenos de amor. Sin vergüenza, sin pena, sin lástima o tristeza, sino que lo hagas feliz y llena de amor.

El golpe que recibí cuando nació mi tercer hijo, Martín, fue como un tornado. Nos introdujo a una una perspectiva de vida completamente diferente a la vida que llevábamos y el trauma que vivimos con él rompió la forma en que vivíamos. Puedo decirles que la fortaleza y valentía que había acumulado durante mi vida, en sus días buenos y malos, la energía que me motivaba a demostrarle al mundo quién era y la fuerza indomable de mi alma se derritió y me dejaron un corazón renovado de amor.

Me di cuenta que este viaje, que este tiempo, esta etapa no se trataba de alcanzar un éxito profesional sino de conocerme a mi misma, enfrentarme a mi presente y sumergirme de nuevo a quién soy como persona. Este proceso fue lento porque al principio extrañaba trabajar y vivía en una especie de proceso de desintoxicación por no estar ocupada, no sabía qué hacer con mi tiempo libre, no sabía qué hacer para poder vivir para mí y para mi familia y, sobre todo, dejar ir, confiar y dejar de dirigir al equipo de trabajo que por más de 7 años había dirigido. Me costó soltar y confiar. Me costó no tener una empresa que dirigir pero así también en este detox me di cuenta que toda esta energía, este esfuerzo y trabajo que había venido desarrollando era el producto de la fortaleza que la vida me había enseñado en circunstancias difíciles, la misma fortaleza que necesitaba ahora, con Martín.


La vez anterior, que aquellos hombres me habían roto el corazón, era muy jóven para reconocer mi duelo, mi tristeza, mi enojo y encontrar una forma de perdonarme a mí misma (como si la culpa hubiera sido mía) y perdonarlos a ellos para poder seguir adelante. Me había levantado con enojo, con ganas de demostrarles que esto no me pararía y eso fue mi motor a través de mi carrera y mi empresa. Esto fue el enojo que me dio una fuerza imparable, una valentía de acero, una motivación de oro.

Sin embargo, algo cambió esta vez, esta vez mi corazón se estaba remendando con amor. Con fe, con respuestas y anhelos cumplidos por Dios. Toda la energía del universo se configuró de una forma diferente. Dios esta vez me había escuchado y esto quitó todas las costuras de mi corazón y lo unió nuevamente, a aquel corazón lleno de amor, bondadoso y quizás con una nueva energía. Sentí a Dios en mi vida y en esa cuna del intensivo Martín me hizo ver que todo en esta vida había sido hecho a su obra y su voluntad. Fue como si mi vida entera hubiera estado encaminada hacia ese punto. Su llegada vino a sanar mi corazón y me dio una segunda oportunidad para reconstruirse de nuevo, esta vez transformándose radicalmente.

Es más fácil decirlo y sentirlo pero desaprender todo lo que dí por sentado y rigió mi vida por 32 años ha llevado tiempo, implicado altibajos y mucho más que algunos posts filosóficos en instagram, momentos para la contemplación y otras acciones sin sentido, me he sumergido en un viaje para encontrarme con la pequeña niña dentro de mí que, después de tanto, puede correr libremente.

La vida tras el nacimiento de Martín no ha sido fácil, tampoco estable y mucho menos glamorosa. Hemos sacrificado mucho, tanto que lo que hemos aprendido no se puede escribir o contar en unos cuantos artículos. Esta es la razón por la que he creado y decidido compartir este diario personal, para hablar acerca de cómo todos y todas merecemos una segunda oportunidad, cómo todos cometemos errores, como todos somos imperfectos de una manera hermosa y cómo nos podemos reinventar y cambiar la vida que pensábamos que queríamos para nosotros hasta que la vida empieza a desplegarse y nos enseña lo que nuestro corazón en realidad necesita.

Ahora entiendo que Dios me ha dado muchos momentos malos pero que los buenos opacaran a estos días negros con una luz tan radiante de amor que se llevarán a los malos para siempre.

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